Evaluar
conlleva una importante responsabilidad, tanto por parte de un maestro como de
un alumno. Lo primero en lo que pienso es en la reacción que provocará en la
persona que he evaluado. Si se lo tomará positivamente o negativamente, si
aceptará todas aquellas indicaciones que se le pueda proporcionar de una forma correcta y comprensiva, siempre
intentando evitar que el alumno no se sienta como una única e insignificante
nota y que únicamente viva para buscar unos buenos resultados académicos.
La idea de
tener que calificar con una nota numérica no me parece la más adecuada, ya que
el tener que tratar de calificar una actuación expresiva a día de hoy me parece
una competencia demasiado alto para darle un valor numérico. Por eso me
decantaría por tratar de llevar a cabo una valoración de aquello que se ha
hecho bien o que se podría mejorar desde mi punto de vista y con el objetivo de
que aquellos alumnos que hayan llevado a cabo la actuación puedan verse
apoyados y puedan recoger ideas para si lo creyeran oportuno modificar aquello
que han realizado. Ante todo, debemos tener en cuenta que cada uno de los
evaluadores puede tener diferentes opiniones al respecto y es interesante
comprobar que es aquello que le llama la atención.
Dado que
tenemos que señalar unos puntos a tener en cuenta podríamos valorar aspectos
como la creatividad, el tema que se trata, la originalidad, la forma en la que
se presenta el cuerpo en el escenario, entre otras cosas.
Es a través
de esta serie de objetivos y escuchando las opiniones de todos cuando se expondrá
un nota consensuada dado que finalmente se debe evaluar el trabajo de los
compañeros.
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